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Vísperas – oración de la tarde – sábado 14 mayo 2022

Vísperas

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno

Revestidos de blancas vestiduras, vayamos al banquete del Cordero y, terminando el cruce del Mar Rojo, alcemos nuestro canto al Rey eterno.

La caridad de Dios es quien nos brinda y quien nos da a beber su sangre propia, y el Amor sacerdote es quien se ofrece y quien los miembros de su cuerpo inmola.

Las puertas salpicadas con tal sangre hacen temblar al ángel vengativo, y el mar deja pasar a los hebreos y sumerge después a los egipcios.

Ya el Señor Jesucristo es nuestra pascua, ya el Señor Jesucristo es nuestra víctima: el ázimo purísimo y sincero destinado a las almas sin mancilla.

Oh verdadera víctima del cielo, que tiene a los infiernos sometidos, ya rotas las cadenas de la muerte, y el premio de la vida recibido.

Vencedor del averno subyugado, el Redentor despliega sus trofeos y, sujetado al rey de las tinieblas, abre de par en par el alto cielo.

Para que seas, oh Jesús, la eterna dicha pascual de nuestras almas limpias, líbranos de la muerte del pecado a los que renacimos a la vida.

Gloria sea a Dios Padre y a su Hijo, que de los muertos ha resucitado, así como también al sacratísimo Paracleto, por tiempo ilimitado. Amén.

Salmodia

Ant. 1 El alzar de mis manos suba a ti, Señor, como ofrenda de la tarde. Aleluya.

Salmo 140

Señor, te estoy llamando, ven deprisa, escucha mi voz cuando te llamo. Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

Coloca, Señor, una guardia en mi boca, no centinela a la puerta de mis labios: no dejes inclinarse mi corazón a la maldad, a cometer crímenes y delitos; ni que con los hombres malvados participe en banquetes.

Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda, pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza; yo opondré mi oración a su malicia.

Sus jefes cayeron despeñados, aunque escucharon mis palabras amables; como una piedra de molino, rota por tierra, están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.

Señor, mis ojos están vueltos a ti, en ti me refugio, no me dejes indefenso; guárdame del lazo que me han tendido, de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1 El alzar de mis manos suba a ti, Señor, como ofrenda de la tarde. Aleluya.

Ant. 2 Me sacaste de la prisión: por eso doy gracias a tu nombre. Aleluya.

Salmo 141

A voz en grito clamo al Señor, a voz en grito suplico al Señor; desahogo ante él mis afanes, expongo ante él mi angustia, mientras me va faltando el aliento.

Pero tú conoces mis senderos, y que en el camino por donde avanzo me ha escondido una trampa.

Me vuelvo a la derecha y miro: nadie me hace caso; no tengo a donde huir, nadie mira por mi vida.

A ti grito, Señor; te digo: «Tú eres mi refugio y mi heredad en el país de la vida.»

Atiende a mis clamores, que estoy agotado; líbrame de mis perseguidores, que son más fuertes que yo.

Sácame de la prisión, y daré gracias a tu nombre: me rodearan los justos cuando me devuelvan tu favor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2 Me sacaste de la prisión: por eso doy gracias a tu nombre. Aleluya.

Ant. 3 El Hijo de Dios aprendió, sufriendo, a obedecer: y se ha convertido para los que lo obedecen en autor de salvación eterna. Aleluya.
Cántico Flp. 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se anonadó así mismo, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3 El Hijo de Dios aprendió, sufriendo, a obedecer: y se ha convertido para los que lo obedecen en autor de salvación eterna. Aleluya.

Lectura 1Pe 2, 9-10

Vosotros sois linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. Vosotros, que en otro tiempo no erais pueblo, sois ahora pueblo de Dios; vosotros, que estabais excluidos de la misericordia, sois ahora objeto de la misericordia de Dios.

Responsorio

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

V. Al ver al Señor.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

Cántico Evangélico

Ant. El Hijo del hombre ha entrado en su gloria, por él Dios ha recibido su exaltación. Aleluya.

Cántico de la Santísima Virgen María

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Hijo del hombre ha entrado en su gloria, por él Dios ha recibido su exaltación. Aleluya.

Preces.

Oremos a Cristo, vida y resurrección de todos los hombres, y digámosle con fe:
Hijo de Dios vivo, protege a tu pueblo.
-Te rogamos, Señor, por tu Iglesia extendida por todo el mundo: santifícala y haz que cumpla su misión de llevar tu reino a todos los hombres.

-Te pedimos por los que sufren hambre y por los que están tristes, por los enfermos, los oprimidos y los desterrados: dales, Señor, ayuda y consuelo.

-Te pedimos por los que se han apartado de ti por el error o por el pecado: que obtengan la gracia de tu perdón y el don de una vida nueva.

-Salvador del mundo, tú que fuiste crucificado, resucitaste y has de venir a juzgar al mundo, ten piedad de nosotros pecadores.

-Te rogamos, Señor, por los que viven en el mundo y por los que han salido ya de él, con la esperanza de la resurrección.
Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Oración.
Dios nuestro, que nos has enviado la redención y concedido la filiación adoptiva, protege con bondad a los hijos que tanto amas, y concédenos, por nuestra fe en Cristo, la verdadera libertad y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Conclusión.

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R, Amén.