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Vísperas – oración de la tarde – sábado 17 septiembre 2022

Vísperas

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya

Himno

Los pueblos que marchan y luchan, con firme tesón aclamen al Dios de la vida.
Cantemos hosanna que viene el Señor.

Agiten laureles y olivos, es Pascua de Dios, mayores y niños repitan.
“Cantemos hosanna que viene el Señor.”

Jesús victorioso y presente ofrecen su don a todos los justos del mundo.
Cantemos hosanna que viene el Señor.

Resuenen en todo camino de paz y de amor alegres canciones que digan:
“Cantemos hosanna que viene el Señor.”

Que Dios, Padre nuestro amoroso, el Hijo y su Don a todos protejan y acojan.
“Cantemos hosanna que viene el Señor.” Amén.

Salmodia
Ant: Suba mi oración, Señor, como incienso en tu presencia.

Salmo 140,1-9: Oración ante el peligro

Señor, te estoy llamando, ven de prisa, escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

Coloca, Señor, una guardia en mi boca, un centinela a la puerta de mis labios; no dejes inclinarse mi corazón a la maldad, a cometer crímenes y delitos; ni que con los hombres malvados participe en banquetes.

Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda, pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza; yo seguiré rezando en sus desgracias.

Sus jefes cayeron despeñados, aunque escucharon mis palabras amables;
como una piedra de molino, rota por tierra, están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.

Señor, mis ojos están vueltos a ti, en ti me refugio, no me dejes indefenso; guárdame del lazo que me han tendido, de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: Suba mi oración, Señor, como incienso en tu presencia.

Salmo 141: Tú eres mi refugio

Ant: Tú eres mi refugio y mi lote, Señor, en el país de la vida.

A voz en grito clamo al Señor, a voz en grito suplico al Señor; desahogo ante él mis afanes, expongo ante él mi angustia, mientras me va faltando el aliento.

Pero tú conoces mis senderos, y que en el camino por donde avanzo me han escondido una trampa.

Mira a la derecha, fíjate: nadie me hace caso; no tengo adónde huir, nadie mira por mi vida.

A ti grito, Señor; te digo: «Tú eres mi refugio y mi lote en el país de la vida».

Atiende a mis clamores, que estoy agotado; líbrame de mis perseguidores, que son más fuertes que yo.

Sácame de la prisión, y daré gracias a tu nombre: me rodearán los justos cuando me devuelvas tu favor.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: Tú eres mi refugio y mi lote, Señor, en el país de la vida.

Cántico
Filipenses 2,6-11: Cristo, Siervo de Dios, en su misterio pascual

Ant: El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios lo levantó por los siglos de los siglos.

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios lo levantó por los siglos de los siglos.

Lectura Rm 11,33 -36
¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le ha dado primero para que Él le devuelva? Él es el origen, guía y meta del universo. A Él la gloria por los siglos. Amén.

V/. Cuántas son tus obras, Señor.
R/. Cuántas son tus obras, Señor.

V/. Y todas las hiciste con sabiduría.
R/. Tus obras, Señor.

V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
R/. Cuántas son tus obras, Señor.

Cántico

Ant: El que acoge un niño como éste en mi nombre me acoge a mí, y al que me ha enviado.

Ant: Granjeaos amigos con estas promesas de pecado; para que, cuando vengan ellas a faltar, haya quien os reciba en las moradas eternas.

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: El que acoge un niño como éste en mi nombre me acoge a mí, y al que me ha enviado.

Ant: Granjeaos amigos con estas promesas de pecado; para que, cuando vengan ellas a faltar, haya quien os reciba en las moradas eternas.

Preces

Glorifiquemos a Dios, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, y supliquémosle, diciendo:

Escucha a tu pueblo, Señor

– Padre todopoderoso, haz que florezca en la tierra la justicia y que tu pueblo se alegre en la paz.

– Que todos los pueblos entren a formar parte en tu reino, y obtengan así la salvación.

– Que los esposos cumplan tu voluntad, vivan en concordia y sean siempre fieles a su mutuo amor.

– Recompensa, Señor, a nuestros bienhechores y concédeles la vida eterna.

– Acoge con amor a los que han muerto víctimas del odio, de la violencia o de la guerra y dales el descanso eterno.

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que nos enseñó el Señor:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Final

Oh Dios, que has puesto la plenitud de la ley en el amor a ti y al prójimo, concédenos cumplir tus mandamientos para llegar así a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.