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Vísperas – oración de la tarde – viernes 08 abril 2022

Vísperas

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno

Muere la vida y vivo yo sin vida ofendiendo la vida de mi muerte sangre divina de las venas vierte y mi diamante su dureza olvida

Está la majestad de Dios tendida en una dura cruz, y yo de suerte que soy de sus dolores el más fuerte y de su cuerpo la mayor herida.

¡Oh duro corazón de mármol frío! ¿Tiene tu Dios abierto el lado izquierdo
y no te vuelves un copioso rio?

Morir por él será divino acuerdo, mas eres tú mi vida, Cristo mío, y, como no la tengo, no la pierdo. Amén.

Salmodia

Ant. 1 Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

Salmo 40

Dichoso el que cuida del pobre y desvalido; en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

El Señor lo guarda y lo conserva en vida, para que sea dichoso en la tierra,
y no la entrega a la saña sus enemigos.

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor, calmará los dolores de su enfermedad.

Yo dije: «Señor, ten misericordia, sáname porque he pecado contra ti.»

Mis enemigos me desean lo peor: «A ver si se muere y se acaba apellido.»

El que viene a verme habla con fingimiento, disimula su mala intención,
y cuando sale afuera, la dice.

Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí, hacen cálculos siniestros:
«Padece un mal sin remedio, se acostó para no levantarse» Incluso mi amigo, del que yo me fiaba, que compartía mi pan, es el primero en traicionarme.

Pero tú, Señor, apiádate de mí, haz que pueda levantarme, para que yo les dé su merecido. En esto conozco que me amas: en que mi enemigo no triunfa de mí. A mí, en cambio, me conservas la salud, me mantienes siempre en tu presencia.

Bendito el Señor, Dios de Israel, ahora y por siempre. Amén, Amén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1 Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

Ant. 2 El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob

Salmo 45

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, poderoso defensor en el peligro. Por eso no tememos aunque tiemble la tierra y los montes se desplomen en el mar.

Que hiervan y bramen sus olas, que sacudan a los montes con su furia: El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada.

Teniendo a Dios en medio, no vacila; Dios la socorre al despuntar la aurora.
Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan; pero la lanza de su trueno y se tambalea la tierra.

El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de jacob.

Venid a ver las obras del señor, las maravillas que hace en la tierra:

Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe, rompe los arcos, quiebra las lanzas, prende fuego a los escudos.

«Rendíos, reconoced que yo soy Dios: más alto que los pueblos mas alto que la tierra.»

El señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2 El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Ant. 3 Vendrán todas las naciones y se postraran en tu acatamiento, Señor.

Cántico.

Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente, justos y verdaderos tus caminos, ¡oh rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor, y glorificará tu nombre? Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, porque tus juicios se hicieron manifiesto.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3 vendrán todas las naciones y se postraran en tu acatamiento, Señor.

Lectura

Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando le insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente. Cargando con nuestro pecado subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas nos han curado.

Responsorio

V. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»
R. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»

V. Sáname, porque he pecado contra ti.
R. Señor, ten misericordia.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»

Cántico

Ant. Si no queréis creerme a mí, creed a estas obras, que hago en nombre de Dios.

Cántico de la Santísima Virgen María

Preces

Oremos a Jesús, el Señor, que santificó por su propia sangre al pueblo, y digámosle:

Compadécete, Señor, de tu pueblo.

-Redentor nuestro, por tu pasión, concede a tus fieles la fuerza necesaria para mortificar su cuerpo, ayúdalos en su lucha contra el mal y fortalece su esperanza, para que se dispongan a celebrar santamente tu resurrección.

-Haz que los cristianos cumplan con su misión profética anunciando al mundo tu Evangelio y dando testimonio de él por su fe, esperanza y caridad.

-Conforta, Señor, a los que están tristes, y otórganos a nosotros el poder consolar a nuestros hermanos.

-Haz que tus fieles aprendan a participar en tu pasión con sus propios sufrimientos, para que sus vidas manifiesten tu salvación a los hombres.

Tú que eres Autor de la vida, acuérdate de los difuntos y dales parte en tu gloriosa resurrección. Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre, diciendo:
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Oración

Perdona, Señor, las culpas que hemos cometido a causa de nuestra debilidad y, por tu misericordia, líbranos de la esclavitud en que nos tienen cautivos nuestros pecados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Conclusión

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.