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Vísperas – oración de la tarde – viernes 10 junio 2022

Vísperas

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor date prisa en socorrerme.

Himno

Oh Cristo, tú no tienes la lóbrega mirada de la muerte; tus ojos no se cierran: son agua limpia donde puedo verme.
Oh Cristo, tú no puedes cicatrizar la llaga del costado: un corazón tras ella noches y días me estará esperando.
Oh Cristo, tú conoces la intimidad oculta de mi vida; tú sabes mis secretos: te los voy confesando día a día.
Oh Cristo, tú aleteas con los brazos unidos al madero; ¡oh valor que convida a levantarse puros desde el suelo!
Oh Cristo, tú sonríes cuando te hieren sordas las espinas; si mi cabeza hierve, haz, Señor, que te mire y te sonría.
Oh Cristo, tú que esperas mi último beso darte ante la tumba, también mi joven beso descansa en ti en la incesante lucha. Amén.

Salmodia

Ant: Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

Salmo 114: Acción de gracias

Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante, porque inclina su oído hacia mí el día que lo invoco.
Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del abismo, caí en tristeza y angustia. Invoqué el nombre del Señor: «Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo; el Señor guarda a los sencillos: estando yo sin fuerzas, me salvó.
Alma mía, recobra tu calma, que el Señor fue bueno contigo: arrancó mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.
Salmo 120

Ant: El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel.
El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche.
El Señor te guarda de todo mal, Él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Cántico

Apocalipsis 15, 3-4: Himno de adoración

Ant: Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente, justos y verdaderos tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!
¿Quién no temerá, Señor, y glorificará tu nombre? Porque tú solo eres santo, porque vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Lectura 1 Co 2,7-10a
Enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria, que no conoció ninguno de los príncipes de este siglo; pues si la hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Pero, según está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman.» Pero a nosotros nos lo ha revelado por su Espíritu.

V/. Cristo murió por nuestros pecados para llevarnos a Dios.
R/. Cristo murió por nuestros pecados para llevarnos a Dios.

V/. Muerto en la carne, pero vivificado en el Espíritu.
R/. Para llevarnos a Dios.

V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
R/. Cristo murió por nuestros pecados para llevarnos a Dios.

Cántico Ev.

Ant: Acuérdate Señor de tu misericordia como lo habías prometido a nuestros padres.
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: Acuérdate Señor de tu misericordia como lo habías prometido a nuestros padres.

Preces

Bendigamos ahora al Señor Jesús, que en su vida mortal escuchó siempre con bondad las súplicas de los que acudían a él y enjugaba con amor las lágrimas de los que lloraban, y digámosle también nosotros:

-Señor, ten piedad,

-Señor Jesucristo, tú que consolaste a los tristes y desconsolados, pon ahora tus ojos en los sufrimientos de los pobres y consuela a los deprimidos.

-Escucha los gemidos de los agonizantes y envíales tus ángeles para que los consuelen y conforten.

-Que los emigrantes sientan el consuelo de tu amor en el destierro, que puedan regresar a su patria y que un día alcancen también la patria eterna.

-Que los pecadores escuchando tu voz se conviertan, y encuentren en tu Iglesia el perdón y la paz.

Concluyamos nuestra oración diciendo juntos las palabras de Jesús, nuestro Maestro:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Final

Dios nuestro que, de una manera admirable, has manifestado tu sabiduría escondida, con el escándalo de la cruz, concédenos contemplar con tal plenitud de fe la gloria de la pasión de tu Hijo que siempre nos gloriemos confiadamente en la cruz de Jesucristo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.