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Vísperas – oración de la tarde – viernes 20 mayo 2022

Vísperas

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno

Tu cuerpo es preciosa lámpara, llagado y resucitado, tu rostro es la luz del mundo, nuestra casa, tu costado.

Tu cuerpo es ramo de abril y blanca flor de espino, y el fruto que nadie sabe tras la flor eres tú mismo.

Tu cuerpo es salud sin fin, joven, sin daño de días; para el que busca vivir es la raíz de la vida. Amén.

Salmodia

Ant. 1 Cristo por nosotros se hizo pobre a fin de que nosotros nos enriqueciéramos. Aleluya.

Salmo 40
Dichoso el que cuida del pobre y desvalido; en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

El Señor lo guarda y lo conserva en vida, para que sea dichoso en la tierra, y no la entrega a la saña sus enemigos.

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor, calmará los dolores de su enfermedad.

Yo dije: «Señor, ten misericordia, sáname porque he pecado contra ti.»

Mis enemigos me desean lo peor: «A ver si se muere y se acaba su apellido.»

El que viene a verme habla con fingimiento, disimula su mala intención,
y cuando sale afuera, la dice.

Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí, hacen cálculos siniestros: «Padece un mal sin remedio, se acostó para no levantarse»

Incluso mi amigo, del que yo me fiaba, que compartía mi pan, es el primero en traicionarme.
Pero tú, Señor, apiádate de mí, haz que pueda levantarme, para que yo les dé su merecido.
En esto conozco que me amas: en que mi enemigo no triunfa de mí.
A mí, en cambio, me conservas la salud, me mantienes siempre en tu presencia.
Bendito el Señor, Dios de Israel, ahora y por siempre. Amén, Amén.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1 Cristo por nosotros se hizo pobre a fin de que nosotros nos enriqueciéramos. Aleluya.
Ant. 2 El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios. Aleluya.

Salmo 45

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, poderoso defensor en el peligro.

Por eso no tememos aunque tiemble la tierra y los montes se desplomen en el mar.
Que hiervan y bramen sus olas, que sacudan a los montes con su furia:
El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila; Dios la socorre al despuntar la aurora.
Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan; pero él lanza su trueno y se tambalea la tierra.
El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del señor, las maravillas que hace en la tierra: Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe, rompe los arcos, quiebra las lanzas, prende fuego a los escudos.

«Rendíos, reconoced que yo soy Dios: más alto que los pueblos más alto que la tierra.»

El señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2 El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios. Aleluya.

Ant. 3 Cantemos al Señor, sublime es su victoria. Aleluya.

Cántico. Ap. 15,3-4
Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente, justos y verdaderos tus caminos, ¡Oh rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor, y glorificará tu nombre? Porque tú solo eres santo, porque vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, porque tus juicios se hicieron manifiesto.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 3 Cantemos al Señor, sublime es su victoria. Aleluya.

Lectura Hb 5, 8-10

Cristo, aunque era Hijo de Dios, aprendío por experiencia, en sus padecimientos, la obediencia y, habiendo así llegado hasta la plena consumación, se convirtió en causa de salvación para todos los que lo obedecen, proclamado por Dios sumo sacerdote «según el rito de Melquisedec».

Responsorio

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

V. Al ver al Señor.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

Cántico Evangélico

Ant. Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Aleluya.

Cántico de la Santísima Virgen María

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Aleluya.

Preces.

Invoquemos a Cristo, camino, verdad y vida, y digámosle:
Hijo de Dios vivo, bendice a tu pueblo.

-Te rogamos, Señor, por los ministros de tu Iglesia: que, al distribuir entre sus hermanos el pan de vida, encuentren también ellos en el pan que distribuyen tu alimento y fortaleza.

Hijo de Dios vivo, bendice a tu pueblo.

-Te pedimos por todo el pueblo cristiano: que viva, Señor, como pide la vocación a que ha sido convocado y se esfuerce por mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.

Hijo de Dios vivo, bendice a tu pueblo.

-Te pedimos por los que rigen los destinos de las naciones: que cumplan su misión con espíritu de justicia y con amor, para que haya paz y concordia entre los pueblos.

Hijo de Dios vivo, bendice a tu pueblo.

-Señor, que podamos celebrar tu santa resurrección con tus ángeles y tus santos y que nuestros hermanos difuntos, a quienes encomendamos a tu bondad, se alegren también en tu reino.

Hijo de Dios vivo, bendice a tu pueblo.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Oración.

Señor, concédenos realizar plenamente en nosotros mismos el misterio pascual, para que la alegría que experimentamos en estas fiestas nos dé una fuerza constante que nos lleve a la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Conclusión.

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R, Amén.