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Idealizar la relación hace daño I padre Carlos Yepes

 

No idealices tu pareja

La magia del amor no se da en idealizar a tu pareja o la relación, creer que todo es color de rosa y que no hay dificultades. El amor se mide en la fidelidad a pesar de las constantes realidades que se presentan.

Los matrimonios necesitan mucho tratamiento. Creemos que se trata de decir en el altar: Acepto. Y que por sí sola, la relación, va a fluir. Lo cierto es que para que crezca, madure, enseñe y dure, es necesario dedicarle tiempo, y tiempo de calidad.

Hay en el mercado se ofrece infinidad de tratamientos para casi todas las dolencias del cuerpo, incluso con fines cosméticos. Se suele invertir gran cantidad de dinero confiando en las bondades que la publicidad promete. Nos esforzamos en apartar citas y disponer los recursos para obtener uno que otro. Y nos preguntamos, de qué sirve destinar tanto tiempo y dinero en cosas que son accesorias y no en las que son esenciales.

Escucha la reflexión del padre Carlos Yepes en relación con este tema.

Hoy, muchos matrimonios, y me atrevo a decir que todos, necesitan tratamiento. Ser conscientes del enfriamiento que ocasiona el «trajín» del día a día, y la indiferencia ante los dolores que aquejan la relación. Tratamiento que les permita entender que, aunque son dos mundos, hay millones de razones que los une y los motiva a permanecer unidos. Con esto quiero trascender al famoso «aguante» que tan carente de razones de peso, solo se vislumbra como un florero que adorna el centro de la mesa. Hoy, las relaciones necesitan más perseverancia, pero inmersos en la fidelidad que proporciona calidad. Es decir, no es solo decir que estoy casado, sino vivir el compromiso de lo que ello significa en donación, generosidad y entrega.

La razón más fuerte para vivir en la realidad del matrimonio y no en un mundo idealizado, es pidiendo a Dios que nos regale su sentir, sus ojos y su corazón. Él, que no ve las apariencias, sino que va a lo profundo de cada ser, es capaz de sondear lo desconocido, lo que falta por florecer, y lo que está pendiente de sanar.

No se trata de vivir en desesperanza por estar consciente de la realidad. Al contrario, es confiarse en Dios de quien todo lo podemos esperar, pues donde hay muerte en él hay resurrección; lo que está perdido, en él se encuentra y lo que está oscuro, en él brilla y resplandece más blanco que la nieve. Si hoy tu matrimonio está roto por los fasos ideales, pídele a Dios que te llene de razones profundas para perseverar y luchar por la unión que fue hecha para toda la vida.