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Cuaresma 2022

Lo esencial no pasa de moda

Inicia una nueva Cuaresma, y con ello, la oportunidad de hacer un alto en el camino para reflexionar y  volver a lo básico, transformando la óptica y el relato de nuestra existencia. ¡No dejes para mañana, el cambio que puedes hacer hoy!

Cada año, la iglesia nos presenta en su sabiduría un camino hacia la Pascua. Se trata del tiempo litúrgico de Cuaresma en el que hacemos memoria de que somos un pueblo en salida que necesita recargar sus fuerzas, solidificar sus bases y reafirmar sus raíces. Tener la gracia de celebrar este acto de fe cíclico no se arraiga a un conformismo repetitivo que carece de novedad; al contrario, es la posibilidad de dejarse sorprender por las sendas del Señor que siempre son nuevas, y nos conducen a lo esencial.

Ser conscientes de que como Jesús debemos ser itinerantes, nos lleva a tener propósitos claros en este tiempo fundamental de la fe. De hecho, centrarnos en el hoy de un país como Colombia, es emprender el camino de la Cuaresma sostenidos por la oración, el ayuno y la caridad, enmarcados en un tema sensible que nos toca a todos como lo es la negación a la vida, donde se manifestó el 21 de febrero de este año 2022, la legalización del aborto a las 24 semanas de embarazo.

El papa Francisco cada año nos comparte un mensaje para el tiempo de Cuaresma. Nos introduce en las necesidades más palpables de la sociedad por medio de sus mensajes centrales que buscan unirnos para reflexionar con un corazón palpitante. Por eso, el hecho de que se haya presentado este tema, en vísperas de este tiempo de gracia que hoy iniciamos, no es una casualidad, es un llamado a movernos como iglesia a reflexionar y no ser indiferentes frente la denigración de la vida.

Es tiempo de adentrarnos al desierto en el que Jesús guía el camino y deja huella en nuestra vida con la verdad de su Palabra y su Amor. Es hora de apartarnos por un momento de la sobreinformación, para escuchar palabras de esperanza y vida, pero, sobre todo, exponer a Jesús nuestras aflicciones frente a su oído, que inclina para apropiarse de cada una de nuestras preguntas, y respondernos con verdad; para finalmente, terminar con nuestro silencio, a veces cómplice de estos crímenes, pero romperlo con la presencia curativa del Señor resucitado en cada uno de nosotros.

Para el año 2018, el papá mencionaba en su mensaje de Cuaresma, inspirado en la expresión de Jesús en el Evangelio de Mateo, que: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (24,12). Y es que justamente lo que estamos evidenciando en estos momentos es que la maldad la hemos normalizado y viralizado. Es normal que unos pocos que legislan, decidan regular un acto que, si bien se presentaba de manera clandestina, y por vía de hecho y no de derecho, ahora pasa a dar herramientas de “paño de agua tibia” a nivel moral a quienes practican un aborto, tratando de disfrazar un crimen y el vacío existencial que genera este acto a nivel psicológico y espiritual.

El papa Francisco menciona en la exhortación de estos años atrás, pero tan propia para nuestros días, que todo esto ocurre porque asumimos las propuestas de falsos profetas que “son como «encantadores de serpientes», o sea, se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren. Cuántos hijos de Dios se dejan fascinar por las lisonjas de un placer momentáneo, al que se le confunde con la felicidad. Cuántos hombres y mujeres viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos. Cuántos viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad.

Otros falsos profetas son esos «charlatanes» que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles: cuántos son los jóvenes a los que se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de «usar y tirar», de ganancias fáciles pero deshonestas. Cuántos se dejan cautivar por una vida completamente virtual, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después resultan dramáticamente sin sentido. Estos estafadores no sólo ofrecen cosas sin valor, sino que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar”1

De acuerdo a todo esto, ¿en qué podemos reflexionar entonces en esta Cuaresma?

Miércoles de ceniza 2022 - Amen Comunicaciones

¡La propuesta es que meditemos sobre el don de la vida! Ese tesoro invaluable, gratuito y de máximo valor que todos tenemos por gracia y misericordia de Dios.

La pandemia ha registrado 5,91 millones de muertes en el mundo, muchos de ellos quisieran tener el regalo de la vida, familiares desearían que sus seres queridos estuvieran presentes y, aun así, ahora queremos ser los protagonistas al legitimar el aborto y decidir quién vive y quién no. Es paradójico que, teniendo la tarea de ser portares de vida, queramos cortarla, basados en razones de unos pocos, solo por no entender que el único dueño de la vida es el Creador.

Justificar el aborto en expresiones tales como: “es lo mejor para él bebe porque venía al mundo a un hogar disfuncional donde no iba a recibir amor, porque no existen las condiciones económicas sostenibles para brindarle una vida digna, porque la salud no permite su desarrollo al 100%, porque no se tiene la capacidad de respuesta a nivel emocional que esta responsabilidad amerita…” y así, un sin número de razones. Es una decisión basada en el egoísmo, porque nos ha faltado entender que no somos dueños de la vida, sino administradores.
Ustedes no han pasado por ninguna prueba que no sea humanamente soportable. Y pueden ustedes confiar en Dios, que no les dejará sufrir pruebas mas duras de lo que pueden soportar. Por el contrario, cuando llegue la prueba, Dios les dará también la manera de salir de ella, para que puedan soportarla”. 1 corintios 10, 13

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Creerle a Dios no es una idea, no es un cuento de hadas, no es una ilusión. Es una realidad que cada ser humano en el mundo debe vivir, pues no es una película que puede ser contada en un tráiler, sino un hilo conductor permanente, que agrupa tantos detalles que es imposible ser simples espectadores.

Esta cuaresma debe ser vivida de manera distinta, debe ser canal de bendición para un mundo cada vez más superficial. Por eso, como bien lo menciona el papa Francisco, “El hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos[5], para buscar finalmente el consuelo en Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida”.

Estamos llamados a encender la llama del amor:

Todos podemos llegar a ser luz y no oscuridad. Nuestros actos deben tener como filtro el amor, y no pueden las acciones dañar otras vidas. Nuestros comportamientos no pueden pasar a la simple comodidad y bienestar personal, sin importar el bienestar social y moral de una sociedad. Con la libertad podemos hacer el bien, sin necesidad de caer en cárceles interiores.

Una vela, por ejemplo, fue creada para dar luz. Sin embargo, si la vela se reúsa a estar encendida por temor a gastarse, y prefiere estar apagada para conservar su figura inicial, el polvo caerá sobre ella y se hará obsoleta, esa vela por sí misma no podrá iluminar, no podrá tener la fuerza y vigor para iluminar pues mientras otras se donan y dejan que la parafina haga semilla para nuevas luces, está vela será un objeto inerte.

No dejemos apagar la vela interior de nuestro corazón. Todos tenemos un propósito de vida en el servicio y el amor.

El papa Francisco lo menciona muy bien cuando indica que “lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero, «raíz de todos los males» (1 Tm 6,10); a esta le sigue el rechazo de Dios y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus Sacramentos[3]. Todo esto se transforma en violencia que se dirige contra aquellos que consideramos una amenaza para nuestras «certezas»: el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas”.

Unido al acto concreto del amor que tiene múltiples rostros y que podemos descubrirlos en profundidad durante esta Cuaresma, encontramos la oración y el ayuno como pilares fundamentales de este camino hacia la Pascua.

No obstante, aunque estas tres herramientas caminan juntas, la oración y la caridad tienden a dar más fruto cuando ayunamos. Es una práctica que las grandes religiones del mundo proponen al evidenciar el poder de dominarnos a nosotros mismos por el hábito frecuente de este acto de fe.

Por lo anterior, la Cuaresma es una gran oportunidad para unir y practicar estos tres elementos que el mismo Jesús hizo suyos: Caridad (amor), oración y ayuno. La tarea nuestra es incluirlos en nuestro día a día, apropiarnos de sus beneficios, tomando como referente al mismo Jesús, quien nos acompaña y nos conduce a su encuentro.

Que esta sea la oportunidad de vivir una cuaresma única, atrayente y determinante. Siempre está la posibilidad de empezar de nuevo, volver a lo esencial y defender el regalo de la vida.

Hoy, miércoles de ceniza, inicio de la Cuaresma, recordemos con los signos propios de este día: la ceniza y la cruz, que necesitamos humildad para estar siempre en la presencia del Señor, recargándonos para asumir los desafíos del hombre, teniendo como base lo esencial, que nunca pasa de moda.

 

1. Tomado de la reflexión del papa Francisco sobre la cuaresma, año 2018. https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/papa-francesco_20171101_messaggio-quaresima2018.html